Conmemorar para actuar

6 marzo 2019

Escrito por Carolina Trivelli

Este viernes 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, evite los saludos de feliz día, los regalitos o una flor. No es un día para celebrar a las mujeres. Es un día para comprometernos con un futuro más justo para todas.

Es cierto que hay avances innegables y que vemos iniciativas en varios sectores para reducir las brechas entre hombres y mujeres, para eliminar la discriminación, para re educarnos y eliminar los muchos sesgos que tenemos y que reproducen las brechas de género. Hoy se denuncia más, se discute más, se hacen visibles las brechas, se problematiza, se buscan soluciones y adoptan soluciones en distintas áreas. Hay más atención al tema.

Pero para que los cambios en marcha se traduzcan en mayores oportunidades efectivas para las mujeres, tenemos mucho camino aun por construir. Y hay un área en la que aún no vemos avances y que es clave para igualar las oportunidades entre hombres y mujeres: las tareas del cuidado del hogar y de la familia.

Mayoritariamente las mujeres siguen siendo las encargadas de las tareas del cuidado (de niños, adultos mayores, familiares enfermos, de la vida doméstica más básica), por más que mejoren las condiciones en los mercados, en la política y en la esfera pública; por más que se reduzcan las brechas y se baje la violencia de género y hayan más oportunidades para nosotras; será difícil que las podamos aprovechar.

Las mujeres peruanas trabajamos en promedio 9 horas más a la semana que los hombres. El grueso de esta diferencia es porque trabajamos en promedio 23 horas más que los hombres a la semana en actividades domésticas y de cuidado, mientras que los hombres trabajan 14 horas más que las mujeres cada semana en actividades remuneradas. [1]

Por ello, necesitamos discutir cómo compartir las tareas domésticas y de cuidado entre hombres y mujeres al interior de nuestros hogares. Es algo que está sucediendo en alguna medida, pero no a la misma velocidad en la que, por ejemplo, las mujeres están entrando al mercado laboral. Por esa razón urge completar esos esfuerzos, de lenta maduración por definición, con nuevos esquemas para enfrentar el tema del cuidado en general.

Porque sin servicios públicos, cooperativos, comunitarios y privados de cuidado, será imposible para las mujeres participar en igualdad de condiciones que sus pares hombres en los mercados y en la esfera pública. Su trayectoria seguirá marcada por el peso de una “mochila” que exige tiempo, esfuerzo -físico y mental-, energía, dinero y mucho buen ánimo. Una “mochila” que limitará sus posibilidades de hacer lo que quieren hacer, de aprovechar las oportunidades, de realizarse, de lograr su autonomía.

Necesitamos respuestas a gran escala para enfrentar las demandas de una nueva economía del cuidado. Demandas que exigen nuevos modelos de servicios públicos y privados que permitan a las mujeres –y a los hombres- organizarse de nuevas formas, de modo tal que la “mochila” de las  mujeres se aligere, que se pueda dejar al menos una parte del  tiempo.

Hay muchas propuestas: sistemas de guarderías públicas y privadas para el cuidado de los niños, esquemas de cuidado rotativo y comunitario de niños luego del horario escolar, residencias y centros de cuidado diurno para adultos mayores, esquemas de apoyo a personas enfermas, etc. Para ello hay que analizar y discutir la economía y dinámica de estos servicios y hay que generar modelos que permitan implementarlos.

En los servicios del cuidado hay todavía poca innovación, pocos emprendedores generando nuevas soluciones y una acción muy puntual del Estado (ni siquiera es claro a quién en el Estado le toca hacerse cargo de este tema, ¿al MIMP?). Casi todo está por hacerse. Hay más desarrollo en los estratos de mayores recursos, pero donde más se requieren soluciones es en los estratos más vulnerables y para la clase media.

Consideremos que incluso si eliminamos la discriminación en el mercado laboral, la sub representación en la esfera pública y si eliminamos la violencia, las mujeres no podrán aprovechar estas mayores oportunidades sin una nueva economía del cuidado.

Así que recordemos este 8 de marzo que las cosas todavía pintan mal para las mujeres, que si bien avanzamos en algunos temas, aún tenemos que ampliar la discusión y asegurar que los cambios sucedan en todos aquellos aspectos que hoy reproducen las brechas que enfrentamos las mujeres.

Nuevamente, recuerde, no nos salude, ni diga feliz día. Que sea un día para comprometernos, para trabajar por una mayor igualdad efectiva entre hombres y mujeres y para reconocer cuánto nos falta.

[1] Ver MIMP (2011) https://www.mimp.gob.pe/files/direcciones/dgignd/publicaciones/Brechas-de-genero-en-el-Uso-del-Tiempo.pdf