Diferentes Lecturas de una Misma Economía

6 noviembre 2019

Escrito por José Gallardo

Fuente imagen: ANDINA.

La economía peruana es un referente en el mundo emergente por su desempeño macroeconómico; pero con logros menores en bienestar ciudadano, poco diversificada en sus exportaciones e institucionalmente frágil.

Este artículo se origina en una pregunta de Gonzalo Carranza referida a que factores dificultan la generación y sostenibilidad de mejores políticas públicas en el país. Esta pregunta tiene sin dudas una respuesta compleja porque existen numerosos factores relevantes en esta discusión, pero uno de ellos consiste en que, existiendo lógicamente diferentes visiones sobre la economía peruana, nos es muy difícil aceptar que la economía peruana puede ser muchas cosas al mismo tiempo.

En primer lugar, la economía peruana es una de excelente desempeño macroeconómico en todo el periodo posterior a las reformas estructurales de la década del 90, siendo un referente en el mundo emergente. A los ojos de un analista se resalta su dinámica de crecimiento, las bajas tasas de inflación, la solidez fiscal expresada en un bajísimo ratios deuda-PBI, la magnitud de sus reservas internacionales, así como sus logros en reducción de la tasa de pobreza.

En segundo lugar, la peruana es una economía de logros sustancialmente menores en variables que se relacionan directamente con el bienestar de un ciudadano, como son el empleo, la productividad, o la percepción de equidad en la sociedad. A los ojos de una madre o padre de familia, la economía peruana ofrece relativamente pocos empleos de calidad a sus pobladores, solo uno de cada tres trabajos es de tipo formal, solo uno de cada cuatro empleos puede ser considerado adecuado, y muy pocos empleos se generan en empresas modernas y dinámicas.

Ocurre también que la productividad de los individuos – principal determinante de sus ingresos – es baja en promedio, bastante heterogénea y muy poco dinámica en grandes segmentos de la población. Esto significa que el ingreso de los hogares no solo es bajo en la gran mayoría de casos, sino que puede permanecer estancado por décadas, inclusive inter-generacionalmente.

La percepción de desigualdades se da también en el acceso a los servicios y en las oportunidades de los jóvenes. En algunos servicios, la insatisfacción del ciudadano no es por la falta de avance sectorial, sino por la magnitud de la brecha inicial. Se ha producido un avance notable en los servicios de saneamiento, electricidad, transporte interprovincial o telefonía móvil, pero ocurre que siempre hay una nueva zona geográfica o un nuevo segmento socioeconómico sin o con bajo acceso, o simplemente un servicio nuevo de interés y relevancia (hoy la internet de alta velocidad). En otros casos como el transporte urbano, la justicia o la seguridad ciudadana, simplemente hay déficits sustantivos.

La diferencia de calidad en los servicios de educación y salud, de otro lado, determina diferencias de oportunidades. Producto de estas diferencias, muchos ciudadanos, desde cuando jóvenes, encuentran opciones únicamente en un mundo de informalidad, un subsistema de la economía que crea poco valor agregado, que produce bienes y servicios de baja calidad, de bajos precios, que son consumidos por hogares con bajos ingresos, y que se convierte gradualmente en un rio infranqueable.

En tercer lugar, la economía peruana, caracterizada como pequeña y abierta, es poco diversificada en sus exportaciones, existiendo una dependencia de lo que sucede en el sector minero-energético. Los precios de los minerales suelen presentar ciclos largos que marcan la actividad económica del país con ciclos expansivos, con términos de intercambio muy favorables, y ciclos contractivos donde, no sólo la menor demanda por minerales se traslada a una menor inversión minera y, de ahí, a una menor inversión privada no minera y un menor consumo privado, sino que donde se distingue más nítidamente la pérdida de competitividad que el propio ciclo expansivo genera.

En cuarto lugar, la economía peruana es institucionalmente frágil. El sistema político ha evidenciado en toda la etapa republicana un funcionamiento inadecuado, no habiendo existido en toda nuestra historia un cuarto gobierno democráticamente electo en línea, hasta 2016. Existe un claro contraste con respecto a economías como Uruguay y Chile, consideradas como referentes de institucionalidad en el continente, en el funcionamiento de los poderes ejecutivo, legislativo o judicial, las capacidades burocráticas del país, las normas y costumbres de la sociedad, entre otros.

Entonces la economía peruana es todo esto, es una economía referente en el mundo emergente por su desempeño macroeconómico global, es al mismo tiempo una economía con logros mucho menores en lo que realmente le importa a la población – empleo, productividad, oportunidades y acceso a servicios – está poco diversificada en sus exportaciones y es institucionalmente frágil.

¿Porque es importante compartir una visión de que la economía peruana es a la vez varias cosas? Porque el conjunto de políticas públicas que puedan necesitarse y el propio funcionamiento del Estado serán distintos en una visión como ésta, que en una visión donde prevalece la relevancia casi en soledad del desempeño macroeconómico y la simplificación del Estado.

Por ejemplo, la fragilidad institucional del país permite entender la necesidad de desarrollar la agenda OCDE para la homogenización de política y el establecimiento de mejores prácticas, así como la necesidad de fortalecer a la burocracia, en vez de culparla y maltratarla. Asimismo, entender la precariedad del empleo y los bajos niveles de productividad, permite identificar mejor las trampas de pobreza, la informalidad, el trabajo infantil, las actividades delictivas, e inclusive prácticas de empleo político en gobiernos locales.

Mas importante, los menores logros de la economía peruana en materia de productividad permiten entender porque políticas de capital humano – política social, educación, salud – y estrategias productivas – agenda de diversificación productiva – son centrales a la problemática actual de la economía peruana, y también porque las visiones de simplificación administrativa, reducción de presión tributaria y “destrabe” han encontrado rápidamente límites insalvables.