El Nobel de Economía y el cierre del Congreso

18 octubre 2019

Escrito por Jorge Agüero

Fuente imagen: ANDINA.

El Premio Nobel de Economía de este año reconoce el aporte del “enfoque experimental al alivio de la pobreza global”. Sin embargo, la Real Academia de las Ciencias exagera cuando dice que este método “domina completamente la economía del desarrollo.” 

Quienes trabajamos utilizando evaluaciones de impacto para conocer los efectos de las políticas públicas, hemos recibido con muy buenos ojos la asignación del Premio Nobel de Economía de este año a Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michael Kermer.

Al conceder el premio a estos tres economistas, la Real Academia de las Ciencias de Suecia enfatizó la contribución que estos han realizado por “su enfoque experimental al alivio de la pobreza global.” El uso de experimentos en economía ayuda a entender qué políticas logran los efectos esperados, cuáles son los mejores programas costo-efectivos y qué proyectos deben ser eliminados o expandidos. Los ejemplos incluyen el uso de transferencias monetarias condicionadas, estrategia que motivó la creación del programa Juntos en el Perú, o la provisión de información sobre los retornos a la educación que motiva que los jóvenes sigan en la escuela. En estos casos, a partir del enfoque experimental, se escoge aleatoriamente el grupo de personas que reciben la transferencia o la información (grupo de tratamiento) y quienes no (grupo de control). Esta asignación aleatoria asegura que los efectos observados provengan efectivamente de la intervención hecha y no de otros factores.

Sin embargo, la Real Academia de las Ciencias de Suecia exagera cuando dice que estos métodos experimentales “dominan completamente la economía del desarrollo.” Economistas de esta área y de otras similares (e.j., economía de la salud, educación, empleo), tienen a su disposición otras metodologías que nos ayudan a responder preguntas cuando no es posible o no es recomendable utilizar experimentos con asignación aleatoria.

Por ejemplo, no es posible usar un enfoque experimental para políticas del pasado. No se puede regresar en el tiempo y escoger aleatoriamente qué haciendas del Perú serán parte de la Reforma Agraria de Velazco. A pesar de esa limitación, es importante saber el legado de dicha reforma y debe ser estudiada con metodologías no experimentales, como se ha hecho en el Seminario Permanente de Investigación Agraria de este año. Asimismo, para saber qué efectos tiene la maternidad sobre el empleo o sobre el salario de las mujeres, uno no puede (ni debe) asignar niños aleatoriamente a mujeres en edad fértil. Por esta razón se han hecho estudios igualmente rigurosos que evalúan esos impactos usando metodologías alternativas. Asimismo, para ver si la estabilidad política contribuye al crecimiento económico de las naciones, es simplemente imposible escoger aleatoriamente y ordenar a un país que sea parte del grupo de tratamiento o de control. Todos estos temas son de gran interés y, para poder estudiarlos, existen metodologías tan eficaces como los experimentos.

Una de estas metodologías es la regresión discontinua. En su versión más simple, imaginemos que, para lograr una beca, un crédito o para entrar a la universidad, hay que tener un puntaje por encima de un umbral. Si la línea de corte es de 100 puntos, quien tenga 99.9 no accede al beneficio, pero quien tenga 0.1 puntos más, sí. La diferencia es mínima y, por ende, es casi imposible pensar que la persona con 99.9 es muy diferente a quien obtuvo 100 puntos. Es esta idea la que permite usar dicho diseño no-experimental para conocer los efectos causales de la supuesta beca, crédito y el acceso a la universidad. Las personas que se ubican muy cerca de la línea de corte son tan similares que casi no se les puede diferenciar. Esta similitud permite utilizar al grupo con puntajes ligeramente por debajo de 100 como grupo de control de los que puntuaron 100 o más (grupo de tratamiento), aun cuando esta asignación no fue aleatoria.

Y ese es el principal problema con la decisión de cerrar el Congreso y la discusión alrededor de si hubo o no una segunda negación de la confianza al gabinete. En varios aspectos, los actos del 30 de setiembre son muy diferentes a los del 5 de abril de 1992. No obstante, el hecho de que no sea igual a lo sucedido el 5 de abril no implica, necesariamente, que se actuó dentro del marco de la Constitución. La decisión del 30 de setiembre está sujeta a interpretación, porque se acerca mucho a la línea de corte de lo que es constitucional o no. Si en realidad estamos por encima del umbral y el cierre del Congreso fue efectivamente constitucional, no debería alegrarnos del todo. Hay un beneficio y un peligro cuando uno está cerca de la línea de corte. Para el análisis académico es un beneficio: se puede tener un grupo de control. Para las decisiones constitucionales no: si te acercas demasiado al límite no eres tan diferente de aquellos que sí lo cruzaron.