Planificación territorial y urbana para salir de la pobreza

29 octubre 2019

Escrito por Anderson García Cristóbal

Fuente imagen: ANDINA.

Es necesario que Estrategia de Salida Permanente de la Pobreza encuentre en la planificación territorial y urbana su componente orientador, así como que se establezcan estrategias específicas y diferenciadas para los ámbitos urbano y rural.

En la quincena de octubre, el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (MIDIS) presentó la “Estrategia de Salida Permanente de la Pobreza”, una propuesta aún en etapa de formulación cuya finalidad es asegurar que la población que ha dejado de ser pobre no regrese a esta condición. Se trata de una buena noticia pues, por un lado, visibiliza a la llamada población vulnerable como público objetivo de las políticas públicas, y por el otro, revela la necesidad de articular y coordinar las actuaciones de los diferentes sectores desde un enfoque estratégico. En este contexto, ¿cómo se puede articular el Sector Vivienda a esta Estrategia?

Para empezar, puede hacerlo desde el cierre de brechas de planificación territorial y urbana en municipalidades provinciales y distritales. Si bien como señala el MIDIS, uno de los pilares de la Estrategia es el acceso a servicios básicos, es necesario tomar en cuenta que el crecimiento no planificado de los centros poblados en suelo no habilitado explica las limitaciones del Estado para la provisión de servicios como agua, saneamiento y electrificación.

¿Qué dicen los datos al respecto? Que solo el 44% de municipalidades provinciales cuenta con un Plan de Acondicionamiento Territorial (PAT) y solo el 13% de municipalidades distritales con Planes de Desarrollo Urbano (PDU, aplicados en ciudades mayores, intermedias y menores). Para el caso de Lima, este último Plan (el PDU), es obligatorio para los distritos que defina el Plan de Desarrollo Metropolitano.

Como se ve, un alto porcentaje de centros poblados están creciendo sin un instrumento que determine las áreas de expansión hacia donde se podría atender las necesidades de vivienda (Lima Metropolitana incluida). Esta situación genera ocupaciones de suelo de gran precariedad y demandante de servicios.

A escala regional, por su parte, la planificación territorial puede ser una herramienta decisiva para esta Estrategia, ya que permitiría apuntalar el proceso de articulación funcional de los centros poblados, por ejemplo, mediante el fortalecimiento de las ciudades intermedias como núcleos de cadenas productivas que conecten eficazmente la producción de los centros poblados rurales (de población dispersa) con los principales mercados nacionales, ampliando así las oportunidades de los pequeños productores.

También es necesario que, junto al acceso a servicios, la Estrategia incluya un pilar de infraestructura y equipamientos urbanos, pero incidiendo antes que en el cierre de brechas per se, en su impacto agregado. Respecto a infraestructura, centros de investigaciones como GRADE[1] han revelado que el 81% de la inversión municipal en barrios urbanos vulnerables de Lima se destina sobre todo a proyectos de pistas y veredas. Asimismo, en distritos como Villa María, Ate y San Juan de Lurigancho, un tercio de dichos proyectos son solo pistas, y otro tercio, solo veredas. Ello, sumado a su longitud promedio, que oscila entre 400m a 600m (¡2 manzanas urbanas!), deriva en el bajo impacto de estas inversiones debido a su fragmentación y pequeña escala. Nuevamente aquí, para que la inversión tenga un efecto agregado, se requiere que esté orientada por los Programas de Inversiones Urbanas derivados de sus instrumentos de planificación, con los cuales se determinan, entre otros aspectos, la magnitud y la localización de proyectos estratégicos de alto impacto.

Asimismo, la Estrategia también podría explorar la articulación interinstitucional para la dotación de equipamientos de servicios de cuidado de la población dependiente (menores de 14 y mayores de 65 años). El Sector Vivienda podría articularse reorientando su Programa de Mejoramiento Integral de Barrios con el objetivo de priorizar una parte de su inversión hacia este tipo de equipamientos. Experiencias de otros programas similares como Favela-Bairro de Brasil, han generado igualdad de oportunidades, por ejemplo, con la construcción de guarderías, bajo el supuesto de que estas liberan una parte de la carga del trabajo doméstico que nuestras sociedades imponen a las mujeres, facilitando así su acceso al mercado laboral y su salida permanente de la pobreza.

Es necesario que esta Estrategia encuentre en la planificación territorial y urbana su componente orientador, así como que se establezcan estrategias específicas y diferenciadas para los ámbitos urbano y rural. El anuncio de la Estrategia es una buena oportunidad para la coordinación interinstitucional.

 

[1] Fort y Espinoza (2017). Inversión sin planificación. La calidad de la inversión pública en los barrios vulnerables de Lima.