Qué producimos sí importa para crecer

18 diciembre 2019

Escrito por Jorge Tudela Pye

Fuente imagen: ANDINA.

El crecimiento económico es un proceso que está relacionado con la acumulación de capacidades productivas o de know-how. Las políticas de desarrollo productivo deben buscar justamente facilitar la creación y transmisión de este tipo de capacidades.

La economía peruana crecerá alrededor de 2.5% en 2019, según estimaciones del BCR y del FMI[1]. Con esta cifra, el crecimiento promedio anual desde el año 2010 será de 4.1%[2]. Si bien hemos seguido creciendo a tasas por encima de varios de nuestros vecinos, desde el 2014 hacia adelante, una combinación de difíciles condiciones externas e internas han ralentizado el crecimiento. Al ser una economía pequeña, abierta y exportadora principalmente de materias primas, el dinamismo de la economía peruana depende significativamente del contexto internacional. Así, el menor crecimiento global y la lenta recuperación de los precios de nuestros principales productos de exportación explican parte importante de nuestro desempeño, a los que se suman, entre otros motivos, la caída de la inversión en infraestructura por los escándalos de corrupción, el Niño costero de 2017 y la incertidumbre del contexto político de los últimos años. ¿Qué explica que nuestro crecimiento sea tan vulnerable a estos contextos?

Una respuesta se encuentra en lo que producimos como país[3]. El crecimiento económico es un proceso que está relacionado con la acumulación de capacidades productivas o de know-how[4]. No solo requerimos materias primas, máquinas o mano de obra para producir sino también de conocimiento. Pero este es distinto al conocimiento explícito u objetivo, que es sistemático, estructurado y puede ser transmitido a través de clases, manuales o siguiendo recetas. Las capacidades productivas a las que me refiero parten de aquellas que las personas adquieren, muchas veces, de forma inconsciente, repitiendo e imitando una actividad a lo largo del tiempo: es conocimiento tácito[5].

Usando la analogía del economista Ricardo Hausmann[6] (2018), no aprendemos a caminar, hablar un idioma o a tocar un instrumento solamente si nos enseñan qué músculos mover o qué palabras decir. Es un conocimiento que se adquiere haciendo, con la práctica, y reside, más que en libros o manuales, en el cerebro de las personas. Por ende, es más complicado de transmitir y, como individuos, más difícil de adquirir con el tiempo. Por ello nos especializamos en un número limitado de ellos.

Esto nos lleva a pensar que mientras más diversos y especializados sean los conocimientos que tienen las personas en un país, las posibilidades de combinarlos se incrementan si existen las condiciones para hacerlo. Imaginemos la cantidad de conocimiento especializado y de personas involucradas que trabajan -en equipo- en la producción de un auto o una computadora. Para fabricar estos productos no sólo ha sido necesario tener herramientas, máquinas o guías, sino que es resultado de combinar distintas capacidades de forma colectiva.

Por ello, lo que producimos como país es informativo sobre nuestras capacidades productivas existentes: nos informa sobre el nivel de conocimiento que poseemos y las posibilidades de combinarlo. Entonces, a medida que vayamos incrementándolas, no solamente vamos a tener la posibilidad de crear más productos, sino que al poder combinarlas, podremos crear productos más complejos. La relación entre la complejidad de una economía y su nivel de PBI per cápita ha sido ampliamente documentada[7]; en promedio, son los países más ricos y desarrollados los que producen productos más complejos.

El Perú se ubica en el puesto 97 de 133 países en el índice de complejidad económica[8], lo que implica que nuestro nivel de capacidades productivas con respecto al mundo no es alto, y limita nuestro potencial de crecer[9]. Las políticas de desarrollo productivo, tanto para resolver problemas de sectores o actividades existentes como para facilitar la aparición de nuevos rubros, deben buscar justamente facilitar la creación y transmisión de este tipo de capacidades. De esta manera, la vulnerabilidad de nuestro crecimiento a contextos nacionales e internacionales adversos será más limitada. Cuántos y qué productos producimos, sí importa para el crecimiento.

 

[1] https://www.imf.org/en/News/Articles/2019/12/03/mcs1232019-peru-staff-concluding-statement-of-the-2019-article-iv-mission y https://rpp.pe/economia/economia/banco-central-de-reserva-crecimiento-economico-julio-velarde-bcr-estima-que-crecimiento-economico-del-peru-este-ano-sera-de-25-y-no-4-como-se-esperaba-noticia-1233334?ref=rpp

[2] Tasa de crecimiento compuesta anual, 2010-2019.

[3] Hausmann, R. Hwang, J. & Rodrik, D. What you export matters. NBER, Working Paper No. 11905.

[4] Ver: Hausmann, Ricardo (2016). Economic Development and the Accumulation of Know-how. Welsh Economic Review, y Hausmann, Ricardo (2018). Accessing Knowledge for Development. Center for International Development.

[5]https://www.project-syndicate.org/commentary/ricardo-hausmann-on-the-mental-sources-of-productivity-growth?barrier=accesspaylog

[6] Hausmann, Ricardo (2018). Accessing Knowledge for Development. Center for International Development.

[7] Hausmann, R. & Hidalgo, C. (2009). The Building Blocks of Economic Complexity. CID Working Paper No. 186; Hausmann, R. & Hidalgo, C. (2010). Country diversification, product ubiquity, and economic divergence. CID Working Paper No. 201.

[8] http://atlas.cid.harvard.edu/countries/173

[9] El índice de complejidad económica mide que tan diversificada y compleja es la canasta exportadora de un país. Para más detalles ver: http://atlas.cid.harvard.edu/glossary