Tres mitos desafortunados

30 enero 2019

Escrito por Enzo Defilippi

Quizás el más obvio fracaso de política económica de la administración Kuczynski fue su política de formalización. Al año de su implementación, la tasa de informalidad laboral no solo no se había reducido sustancialmente (como prometía el gobierno), sino que había aumentado algunos puntos porcentuales. ¿Sorpresa? Para nada. Lo único sorprendente era que nos hubiesen embarcado en ella cuando bastaba leer la literatura económica relevante para entender que no iba a dar resultados (ver mi artículo “Terquedad” del 26/4/2017).

Como sostienen Juan José Díaz, Juan Chacaltana, Jamele Rigolini y Claudia Ruiz, en una reciente investigación sobre la informalidad en el Perú (“Pathways to Formalization: Going Beyond the Formality Dichotomy. The case of Peru”), gran parte del fracaso de este tipo de políticas se debe a un pobre entendimiento de la complejidad de la economía informal y de la heterogeneidad de las empresas que la conforman. Como sostienen ellos, algunas son informales por necesidad, otras por conveniencia. Algunas emplean trabajadores y en otras solo trabajan los dueños. A pesar de ello, abundan las propuestas de soluciones simplistas (algunas publicadas en este mismo Diario) que suponen que basta hacer que sea más fácil obtener licencias y pagar impuestos para animar a los empresarios a formalizarse.

Según los autores, el error se debe a que las políticas de formalización están usualmente diseñadas alrededor de tres mitos. Mito 1: solo hay un tipo de informalidad. Falso. La evidencia muestra que la informalidad no solo tiene múltiples facetas, sino que cada una de ellas es relevante para una fase diferente del desarrollo de una empresa. En la muestra analizada, la formalidad tributaria se acerca al 100% cuando la empresa tiene 20 o más trabajadores, pero la formalidad laboral solo empieza a bordear el 80% en empresas grandes de más de 100 trabajadores.

Mito 2: las empresas son formales o informales. Falso. La informalidad tiene muchas dimensiones y las empresas pueden experimentar con algunos aspectos de la formalización mientras optan por permanecer informales en otras. De las 888 micro y pequeñas empresas analizadas, todas estaban registradas en la Sunat, pero el 25% no contaba con licencia municipal, el 9% no había registrado a sus trabajadores ante el Ministerio de Trabajo, y el 12% no contaba con licencia municipal ni había registrado a sus trabajadores.

Mito 3: la formalidad es un estado permanente. Falso también. La evidencia muestra que las pequeñas empresas pueden ir formalizándose para luego reducir su grado de formalidad. Entre aquellas en la muestra que operaban sin licencia y no tenían a sus trabajadores registrados, por ejemplo, al año siguiente el 35% había mejorado en alguna de estas dimensiones y el 7% en ambas. Pero entre aquellas que contaban con licencia y trabajadores registrados, el 26% se había vuelto más informal en alguna de ellas.

Los autores concluyen que para combatir la informalidad es necesario implementar políticas que tomen en cuenta la complejidad real del problema y que sean consistentes en el tiempo. Yo añadiría que deberían estar enfocadas en fomentar la productividad, promover la integración con cadenas productivas formales y desincentivar el enanismo empresarial. Cualquier otra alternativa, y más aún una simplista y alejada de la realidad, va a lograr lo mismo que hemos logrado hasta ahora: casi nada.

Version original publicada el 30/01/2019 en El Comercio