Tres retos para el nuevo gabinete

13 marzo 2019

Escrito por Eduardo Dargent

Sea porque nadie quería aceptar carteras en un gobierno amenazado por el fujimorismo o porque existían dudas sobre la subordinación del presidente Vizcarra a Keiko Fujimori, el gabinete Villanueva tuvo un nivel técnico y político bastante discreto. Siempre se posicionó varios puntos por debajo de la aprobación del presidente; nunca se sintió como un equipo que pudiera apoyar y reforzar lo que hacía su líder.

Ya con capital político y sin fujimorismo amenazante, Vizcarra ha formado un mejor gabinete. El gabinete Del Solar es más técnico y político que el anterior. Sin embargo, estos nombramientos llegan cuando el capital del presidente comenzaba a escapar y algunos problemas de fondo del gobierno se hacían más evidentes. Los huaicos terminaron de mostrar las limitaciones de un premier y un equipo con problemas para comunicar y gestionar. Los retos que le esperan al nuevo gabinete son, por ello, considerables. A continuación, mencionaré tres.

El primer reto es político. Es necesario construir una narrativa que transmita a la población en qué consisten los grandes temas que busca solucionar el gabinete, qué aspira a dejarnos y qué está en juego con su continuidad. Algunos temas resultan evidentes: enfrentar la delincuencia, hacer efectiva la reconstrucción del norte del país, continuar apoyando los procesos judiciales por corrupción, luchar contra la violencia de género. Pero otros deben plantearse, rescatarse de su olvido en algunos casos, y comunicarse a la población. Entre ellos se puede identificar la reforma de la justicia, la reforma política, el relanzamiento de la reforma educativa, la diversificación productiva y los cambios en el servicio civil, por citar algunos ejemplos. Además, es necesario pensar en nuevos temas, también urgentes pero menos mediáticos, como responder a la informalidad, fortalecer la regulación de intereses privados, plantear una política cultural ambiciosa o abordar el tema previsional, que es una real bomba de tiempo.

El segundo reto es de gestión. PPK logró en poco tiempo debilitar a ministerios clave para la gestión del Estado. En parte, esto sucedió por carencias de sus operadores y, en parte, por la mencionada obstrucción del fujimorismo. Debido a este útimo factor, se instaló en los funcionarios del gobierno de Kuczynski el temor a cumplir su función. Por ello es necesario reconstruir la confianza de funcionarios que extrañan líneas de política claras. Este segundo desafío del gabinete es técnico y consiste en recuperar esta autoridad estatal y dar seguridad a quienes gestionan el Estado.  Tanto la gestión cotidiana del Estado como las reformas que se busque impulsar necesitan de esta confianza entre sus funcionarios.

Finalmente, un tercer reto es hacer lo anterior sin descuidar lo que Villanueva venía haciendo bien. Se ha cuestionado la forma en que el gobierno ha cedido frente a protestas regionales, en algunos casos de forma no justificada. Probablemente sea cierto en algunos casos y ello requiere corregirse. Sin embargo, no perdamos de vista que, en estos meses, las protestas regionales han estado relativamente calmadas cuando han sido más comunes en otros gobiernos. Esto no parece casual. Una mayor atención a las regiones, y probablemente bastante previsión, seguro explican este nivel menor de conflictividad. Con candados para no aparecer cediendo a cualquier protesta, el gabinete debe mantener este cuidado de las regiones para garantizar niveles menores de conflictividad.

Si lo clasificamos de acuerdo a la forma en que ya es tradicional dividir a los ministros, el premier Salvador del Solar no es ni técnico ni político, pero tiene capacidades que le faltan a la mayoría de nuestros técnicos y políticos: ideas y talento para transmitirlas. Su inexperiencia es un riesgo, pero sus habilidades pueden llenar precisamente las carencias que venía mostrando el gobierno. Veremos en unos meses si pagó la apuesta del presidente Vizcarra de elegir un premier más protagónico que lo haga lucir menos solo.