El martillazo digital para no perder el año escolar
Fuente imagen: ANDINA.
La crisis sanitaria nos conduce a agregar la transformación digital como eje transversal de la propuesta educativa. Sin el paraguas digital, cualquier reforma educativa que se planee de aquí en adelante será estructuralmente precaria.
Este 6 de mayo se cumplieron los primeros 30 días de la puesta en marcha de la Estrategia “Aprendo en Casa” lanzada por el Ministerio de Educación del Perú. En medio del contexto crítico de la crisis sanitaria, es destacable que 6 millones de personas hayan tenido acceso a las plataformas televisivas, radiales y online que se han puesto a disposición del público. A pesar de este relevante esfuerzo, persiste el riesgo de que miles de estudiantes puedan perder el año académico 2020. En ese contexto, la pregunta que muchos padres y madres de familia se hacen en estos días está relacionada a si este esfuerzo es suficiente: ¿se perderá el año escolar?
De acuerdo con UNICEF, 1,725 millones de estudiantes, o 98.5% de la población escolar mundial, se ha visto afectada por la pandemia del COVID-19. La coyuntura crítica no ha sido ajena al Perú, y es aquí donde los sectores público y privado han adoptado diversas medidas y estrategias para la continuación de las clases, aunque con resultados y estándares de calidad diversos.
En esa línea, el Ministerio de Educación compaginó los esfuerzos de emergencia que llevaron al lanzamiento de la Estrategia “Aprendo en Casa” acompañada de otras acciones entre las que destacó la adquisición de 840 mil tablets. Estos dispositivos serán destinados a estudiantes de zona rural y urbana en situación de pobreza y evidencian el criterio de urgencia del gobierno por brindar herramientas que permitan la continuación del año académico. Sin embargo, estas estrategias y acciones requieren enmarcarse en un plan que mire más allá del contexto de emergencia y optimizar los recursos que se tienen a disposición.
La cruda realidad es que los centros educativos del mundo no estuvieron preparados para una coyuntura tan crítica como la actual. En efecto, un informe del Centro de Información para la Mejora de los Aprendizajes del 2013 -¡hace 7 años!- resaltó que solo el 66% de colegios de la región latinoamericana contaba con acceso a internet. Asimismo, indicó que, en promedio, apenas se contaba con 1 computadora por cada 14 estudiantes.
En el caso peruano, habría que añadir el cúmulo de brechas que ya arrastra nuestro sistema educativo. A pesar de la mejora registrada por los estudiantes peruanos de 15 años evaluados en la prueba PISA 2018, es todavía superlativo que más del 60.3% de estudiantes en Matemática, el 54.5% en Ciencia y el 54.4% en Lectura no cumplan con los estándares mínimos de aprendizaje. Es indispensable diseñar un currículo educativo que fortalezca las competencias digitales pero que también atienda a esa mitad de estudiantes peruanos que no comprenden lo que leen y que también requieren fortalecer con urgencia el pensamiento lógico y crítico para las matemáticas y ciencias.
En atención al ya prevalente contexto crítico de la educación peruana, la crisis sanitaria nos conduce entonces a agregar la transformación digital como eje transversal de la propuesta educativa: no existirá una completa reforma educativa si no existe infraestructura adaptada que permita potenciar el uso del internet y otras herramientas digitales.
Durante la gestión ministerial de Jaime Saavedra (2013-2016), la reforma educativa se centró en el fortalecimiento cuatro ejes estratégicos: infraestructura, carrera docente, calidad de los aprendizajes y gestión escolar. El trabajo alrededor de tales ejes gozó de cierta continuidad desde el 2016 en adelante. Sin embargo, sin el paraguas digital requerido en un contexto crítico como el actual, cualquier reforma educativa que se planee de aquí en adelante será estructuralmente precaria.
En tal sentido, algunas líneas de acción urgentes en atención al enfoque digital que requiere la reforma educativa son las siguientes:
Estas líneas de acción estratégica, orientadas al trabajo remoto y digital, deben venir acompañadas de evidencia, ciclos cortos de aprendizaje, rigor y visión de largo plazo. De lo contrario, volveremos a recorrer ese lamentable sendero que conduce irremediablemente a desperdiciar el más valioso recurso que tiene el Perú: nuestros estudiantes.
Los problemas y las críticas que surgen a la calidad educativa no son nuevas. Consideramos que tenemos una oportunidad para estar del lado de la solución y de dejar un legado de creatividad, resiliencia, liderazgo y coraje a la generación de nuestros hijos. Si tenemos que elegir de qué lado de la historia estar, que sea el de la solución.
Columna en colaboración con Latinoamérica 21.