marzo 11, 2026

Una paradoja peruana

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Fuente imagen: Anthony Niño de Guzmán / GEC.

Hemos llegado al punto que quisimos y debimos evitar: una epidemia no controlada y una economía severamente golpeada. Una recesión era inevitable, pero no una tan severa. Necesitamos una estrategia sostenible y clara, tanto en salud pública como en la economía. Y dejar de insistir en medidas que ya demostraron ser inefectivas.

Varios medios internacionales se preguntan qué pasó con el Perú: cómo es posible que un país que instituyó una cuarentena tan temprana y severa tenga uno de los peores brotes epidémicos del mundo.

No hay respuesta única a ‘la paradoja peruana’: que un país que instituyó una cuarentena temprana y severa tenga uno de los peores brotes epidémicos del mundo.

No hay respuesta única a lo que ahora se conoce como ‘la paradoja peruana’. Es evidente, por ejemplo, que no nos preocupamos lo suficiente por las aglomeraciones ­–como en mercados o para el pago de bonos– inducidas por un toque de queda estricto y agravadas por problemas estructurales como el hacinamiento de viviendas. También, que hemos sido lentos en ejecutar y en construir capacidades –como controles en focos de contagios, testeo y trazabilidad de contactos– o en tomar medidas para proteger a actores clave. Y el gobierno ha sido reacio a corregir lo que manifiestamente no funcionaba. Muchas veces ni siquiera lo ha querido reconocer.

La cuarentena prolongada, sin ajustes oportunos ni esfuerzos suficientes para ayudar a familias y empresas a sostenerla, nos ha costado mucho. Terminamos la décima semana de confinamiento con una epidemia no controlada y una economía pulverizada.

Ahora que se ha extendido cinco semanas –con múltiples aperturas– debemos migrar rápida e irremediablemente a una estrategia más quirúrgica de controlar focos de contagio y brotes más severos, y de proteger a la población más vulnerable. Sólo en las últimas dos semanas se ha observado iniciativas de cambio, particularmente para mercados. Es un comienzo.

Por qué una meseta es improbable

Es improbable que hayamos llegado a una meseta. La conoceremos en retrospectiva. No es útil seguir haciendo predicciones con modelos con gran margen de error.

Hace diez días el presidente Vizcarra anunció que habíamos llegado a la cima de contagios. Luego la ‘cima’ se volvió ‘meseta’: un periodo prolongado con contagios y muertes diarios elevados pero estable. De allí, vendría el descenso.

Los datos de los días siguientes sugieren, lamentablemente, que no es el caso. Hemos marcado récord tras récord. Los promedios de 7 días de nuevos casos han subido de 3 mil a 4 mil, y los fallecidos diarios (oficiales) por Covid-19 han aumentado de 90 a 125.

El presidente ya había predicho cimas previamente. El 4 abril indicó que la curva máxima de contagios se obtendría en 8 o 10 días. Y el 21 de abril, que llegaríamos al pico el 26.

No es muy útil seguir haciendo predicciones con modelos estadísticos con gran margen de error. Y menos con una epidemia de la cual todavía sabemos poco. A la cima la conoceremos ex-post, cuando veamos algunas semanas de reducción sostenida tanto de casos nuevos, como de hospitalizaciones y fallecidos. Pero solo lo sabremos retrospectivamente.

No suena lógico, además, pensar que hemos llegado a la cima. Hay bastante consenso de que el número efectivo de reproducción (R) en el Perú continúa por encima de 1, lo que implica que la epidemia sigue avanzando. Y en las próximas semanas, con el relajamiento de la cuarentena de jure y de facto, el riesgo es que R aumente.

Una razón para dudar de proyecciones optimistas es que se hicieron en momentos en los que la falta de pruebas subestimaba el crecimiento de los casos y artificialmente reducían la estimación de R. Pero cuando las pruebas volvieron a crecer, los casos también (véase el Gráfico 1).

A pesar del crecimiento reciente de pruebas, todavía son insuficientes. Un estimado estándar usado mundialmente para medir exceso de demanda de pruebas es el porcentaje de positivos ­–ya que se prioriza aquellos con mayor probabilidad de estar contagiados. Este indicador está en aumento (véase el Gráfico 2), lo que sugiere también escasez de pruebas (y posiblemente, también, mayor proporción de contagiados).

La subestimación se refleja también en el número real de muertes. El contraste de la información oficial de defunciones del SINADEF y de fallecidos por Covid-19 del MINSA permite dos conclusiones: (1) que el subreporte de fallecidos diarios por Covid-19 es inmenso–entre tres y cuatro veces–y (2) que la data de fallecidos del SINADEF muestra una trayectoria que crece aún más rápido que los oficiales (véase el Gráfico 3).

Parte de estas muertes se deben a otras causas, y no hay razones para acusar al gobierno de ocultar la cifra de muertos. Pero los datos muestran que la epidemia sigue avanzando y que anunciar ‘picos’ o ‘mesetas’ fue prematuro.

El virus tiene una incidencia heterogénea por regiones, pero aún así no es posible hablar de muchos éxitos. La mayor concentración de contagios se ha producido en Lima y Callao. Sin embargo, en este caso tampoco pareciera evidente una meseta (véase el Gráfico 4). Lo mismo ocurre en la costa. Loreto y Ucayali, dos clúster de contagio, sí parecieran haber pasado el pico (véase el Gráfico 5). La epidemia no se ha acelerado significativamente en otras regiones. Pero hay que estar alerta a los efectos de la flexibilización de la cuarentena.

¿Qué hacer en términos de salud pública? Hace tres semanas hicimos unas  propuestas sobre cómo contener el avance de la epidemia (https://hacerperu.pe/que-hacemos-cuando-el-martillo-no-chanca/).

No tiene sentido repetirlas, pero sí hacer algunos énfasis. En primer lugar, es fundamental mejorar la calidad y disponibilidad de los datos. El gobierno ha dado un primer paso al publicar este último jueves datos a nivel individual sobre casos positivos, pero hace falta mucho más. En segundo lugar, debemos incrementar el número de pruebas moleculares. Es complejo, pero indispensable para una estrategia más eficaz de testeo, trazabilidad y aislamiento.

En tercer lugar, necesitamos un enfoque obsesivo en el control de focos infecciosos, particularmente mercados (y próximamente, transporte público). Hablamos frecuentemente de R, que mide la reproducción promedio de la enfermedad. Pero no todos contagian por igual.  El factor de dispersión (“K”) mide cómo se concentra el contagio. Un estudio estima que K=0.1 para Covid-19, lo que significaría que pocos son responsables de la mayor parte de la transmisión. Por ello la urgencia de la intervención de mercados (y focos, en general). El gobierno, afortunadamente, ha empezado hace pocos días con mercados.

El “martillazo” fue una alternativa válida que no cumplió plenamente su objetivo. Los riesgos de la reapertura son significativos, pero no hay opciones. Mantener la cuarentena tal cual, no era posible. Es fundamental migrar a estrategias quirúrgicas de contención, incluyendo focos infecciosos. Son más sostenibles. Y si viéramos una aceleración adicional en el número de casos necesitaríamos mejorar las medidas focalizadas y de contingencia. Ya la economía sufrió un golpe sin precedentes.

Entramos a una recesión profunda

Las diez semanas de cuarentena le han pegado un combazo a la economía. Es inevitable una contracción de doble dígito este año, quizás nuestra mayor recesión (en un año calendario) en tiempos de paz.

Los ingresos del gobierno general se han contraído cerca de 40% en abril. El empleo en Lima Metropolitana ha caído 25 % (más de un millón doscientos mil empleos perdidos) hasta abril. Y la contracción del PBI dicho mes puede ser de hasta 40%.

Debido a la reapertura gradual (acelerada tras el anuncio del viernes), la caída de la actividad será progresivamente menor, pero aún significativa por varios meses. La esperable retracción de la demanda –tanto de consumo como de inversión privados–, sugieren una recesión larga y una recuperación lenta. Millones de personas podrían regresar a la pobreza o quedar en situación precaria. Un entorno internacional deteriorado no ayudará.

Una recesión era inevitable, pero no una tan severa. Por sus fortalezas fiscales y credibilidad en los mercados internacionales, el Perú tenía las herramientas y recursos para mitigar significativamente el daño económico de una cuarentena estricta.

No se prestó suficiente atención al diseño de importantes medidas. Además, fallas de ejecución han hecho que la ayuda pública no llegue de manera oportuna. El bono rural se empezó a pagar recién a mediados de mayo, y el bono familiar universal esta semana. Reactiva Perú inició los desembolsos cerca de un mes después de su anuncio. Y ha llegado a empresas que podían encontrar financiamiento por su cuenta con más facilidad, no a las MYPE.  Cofide recién el viernes realizó la primera subasta de recursos del FAE-MYPE. Los protocolos sanitarios para la reapertura tienen requisitos confusos y que cambian.

El despliegue de recursos en magnitudes no antes visto requería reforzar los mecanismos institucionales de transparencia y rendición de cuentas, pero se suspendieron las reglas fiscales y la publicación de proyecciones de principales agregados económicos. Además, falta una estrategia articulada, tanto de alivio inmediato, como de reactivación y convergencia futura (ver https://hacerperu.pe/necesitamos-una-estrategia-economica-integral/).

¿Qué se puede hacer con la economía?

La recuperación será lenta por daños persistentes al aparato productivo. Se necesita ajustes urgentes e importantes en la política económica para evitar aún mayor deterioro.

No encontraremos la misma economía al otro lado de la epidemia. Como consecuencia de los daños persistentes al aparato productivo la recuperación será lenta y no terminará con este gobierno. Presentamos algunas ideas para atenuar dichos daños:

Primero, hacer explícita la estrategia económica de alivio, reactivación y convergencia. Son indispensables recursos significativos para mitigar el impacto económico de la epidemia y flexibilidad para ajustar ante situaciones imprevistas. Pero la ausencia de un escenario base y la falta de transparencia generan incertidumbre y pueden poner en entredicho nuestra credibilidad. Las necesidades van a ser inmensas (empezando por la función salud). Por ello es fundamental tener claridad sobre horizontes, prioridades y disponibilidades.

Segundo, articular una política de ayuda social de mediano plazo contra la epidemia. El aumento previsible de la pobreza implica que el gasto social aumentará. Hay que presupuestarlo. Además, la necesidad de proteger a los segmentos más vulnerables de la población como los adultos mayores requerirá asignar más recursos a programas (muy probablemente ampliados) como Pensión 65. Es urgente identificar a los potenciales beneficiarios desde ahora y tener los padrones listos para actuar con celeridad.

Tercero, desarrollar un mecanismo secuencial para minimizar el impacto sobre el empleo formal.  Proteger el empleo formal era tan urgente como la distribución de bonos, pero no se enfrentó el problema. Se requiere que las empresas con problemas cuenten con instrumentos para minimizar la disrupción del mercado laboral. El subsidio a las planillas podría extenderse, pero calibrando parámetros, bajo condiciones (no despido) y priorizando a los sectores más golpeados. Si no bastase, la empresa podría aplicar reducciones salariales bajo la condición de no despido. Sólo si estos dos pasos no se cumplen debería aplicarse la suspensión perfecta. Debe evaluarse también incentivos fiscales temporales a la contratación.

Cuarto, buscar eficiencias en la aprobación de protocolos de apertura y apoyar su cumplimiento. Establecer requisitos que aseguren la salud y bienestar de los trabajadores es imperativo, pero se debe buscar eficiencia. Hay cerca de 2.5 millones de empresas en el Perú. Exigirles verificación previa de cumplimiento a todas es inmanejable. Además, los protocolos factualmente regirán mayormente para el sector formal –particularmente empresas medianas y grandes– con capacidad de implementarlos. Produce y Minagri deben apoyar a las MYPE con protocolos adecuados a su realidad y ayuda para cumplirlos. Debería subsidiarse la compra de materiales de protección como mascarillas, así como jaboneras y estaciones de alcohol, entre otros.

Quinto, diseñar mecanismos de apoyo específicos a sectores (o segmentos) más impactados o vulnerables. Hay sectores asimétricamente afectados, tanto en intensidad como en persistencia del impacto –turismo, algunos servicios públicos, segmentos de comercio minorista, etc.–. Para ellos, es necesario un apoyo temporal diferenciado en múltiples frentes –financiero, tributario, laboral, etc.

Sexto, asegurar financiamiento a las MYPE urbanas y rurales. Debe hacerse los ajustes necesarios al segundo tramo de Reactiva Perú y de FAE-MYPE, que no han tenido tracción relevante con la MYPE.  Reactiva Perú esencialmente las excluye. Y FAE-MYPE ha estado trabado (ver https://hacerperu.pe/perdiendo-el-paso/). Además de ajustar los programas, el Estado debería inyectar capital (temporal y voluntario) a entidades microfinancieras.

Séptimo, buscar una aproximación conjunta, sanitaria y económica, a la informalidad. No hay fórmula mágica para apoyar eficazmente al sector informal. Tampoco para limitar su potencial impacto sobre los contagios. El respeto del cronograma de apertura y del cumplimiento de protocolos es prácticamente imposible. El énfasis debe estar en mitigar el riesgo incremental en la conducción de sus actividades y fiscalizar ex post. El apoyo económico deberá canalizarse a través de hogares y facilidades a la MYPE (no todas son 100% informales).

Nuestras deficiencias estructurales hacen mucho más difícil enfrentar el Covid-19. No es lo mismo combatirlo en Perú que en Alemania. Pero es la realidad con la que debemos lidiar.

La verdadera paradoja peruana no es nuestro poco éxito en combatir la pandemia en ambos frentes. Es nuestra insistencia por aplicar medidas que ya demostraron ser inefectivas. La extensión de la cuarentena por cinco semanas más con una aceleración de la apertura de ciertas actividades sólo puede explicarse por la preocupación, tardía, del gobierno por las cifras económicas y quizás por subsanar errores obvios. Conlleva grandes riesgos que no debemos imputar a los agentes económicos que han asumido un gran sacrificio. Pero sí demanda implementar estrategias más focalizadas para evitar una mayor tragedia. Rápido.